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"La mediación entre las compañías internacionales y las comunidades locales es importante para restablecer el diálogo, que mejora la cooperación y el respeto de los derechos humanos"

2 de marzo de 2021#Investigación

Entrevista a Emmanuelle M. Diehl, profesora de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna-URL

"La mediación entre las compañías internacionales y las comunidades locales es importante para restablecer el diálogo, que mejora la cooperación y el respeto de los derechos humanos"

Ha vivido en diferentes países del mundo y, antes de la pandemia, en promedio, viajaba por motivos de trabajo una semana al mes. La profesora Emmanuelle M. Diehl es consultora internacional de temas vinculados con los derechos humanos y asesora a empresas multinacionales que tienen operaciones en países en desarrollo. Las ayuda a evitar o resolver conflictos con las comunidades locales, un tema que en los últimos años ha tomado empuje gracias a las denuncias de diferentes colectivos sobre las condiciones de trabajo, por ejemplo, de los proveedores de grandes marcas de ropa. Hace tres años se incorporó a la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna-URL, donde imparte clase en dos grados: el de Relaciones Internacionales y el de Global Communication Management. Cursó sus estudios de Derecho y de Relaciones Internacionales en Francia, en la Sorbona y en la Pierre Mendès France, y en Inglaterra, en la Universidad de Bradford, y se especializó en el análisis de conflictos y seguridad. Está haciendo la tesis doctoral sobre el hecho de que las compañías, en un contexto de posguerra, pueden tener un impacto positivo dentro de la economía política si integran dentro del modelo operativo los derechos humanos desde el principio. "Pueden contribuir a la reconstrucción de la paz para que actúen como actores clave en un proceso multipartido", dice.

¿En qué está trabajando en estos momentos?
Trabajo como consultora para las Naciones Unidas, con el Peacebuilding Fund de Nueva York, el UNPD y otras agencias de la ONU sobre temas de cohesión social y construcción de la paz. Ahora estoy trabajando en un proyecto en Níger y Chad e investigando cuáles son las causas de conflicto internas y externas y los riesgos de violaciones de derechos humanos por las fuerzas de seguridad, a fin de desarrollar y supervisar proyectos sobre estas temáticas. Por ejemplo, en la región del Sahel, como zona de conflicto, no puedes trabajar de la misma manera que en otro país en desarrollo; los proyectos deben diseñarse con un enfoque sensible a los conflictos.

¿El conflicto es inevitable en todas las partes de este mundo convulso?
Los conflictos van evolucionando, y las causas de los conflictos de hoy son múltiples y se arraigan en causas internas de una subregión de un país que se combinan con presiones externas (políticas, económicas, sociales y medioambientales). En países como Níger o Chad encontramos diversos conflictos con causas diferentes en el mismo país. En este sentido, las agencias deben desarrollar proyectos de construcción de paz para restaurar la cohesión social, construir instituciones y generar un contexto propicio para una paz positiva. Esta cuestión es de mucha actualidad y es importante entenderla bien, ya que requiere un proceso que incluye múltiples stakeholders por la parte civil, la gubernamental y el sector privado, y también por parte de la comunidad internacional.

Terminó los estudios en 2003; en ese momento, no eran muy frecuentes, al menos en España, las carreras para dedicarse a la mediación, al análisis de conflictos y la seguridad en el ámbito internacional.
No. En el mundo, solo había tres universidades conocidas en temas de análisis de conflictos y estudios de seguridad: la Universidad de Bradford, la Uppsala en Suecia y la Notre Dame en EE. UU.

¿Era vocacional?
Sí. Estudié Derecho y desde el primer año me di cuenta de que quería hacer derecho internacional, dedicarme a los derechos humanos y, sobre todo, a entender cómo hacer la mediación en conflictos. En 2003 comenzó la guerra en Irak y me fui a Jordania para ir luego a Irak a finales de mayo. Viví doce años en Oriente Medio, concretamente en Egipto y Jordania. Trabajé en países de Oriente Medio y de África en temas de conflictos, consolidación de la paz y seguridad. Hacíamos mediación, análisis de conflictos para entender las causas y luego desarrollar proyectos para instituciones internacionales y ONG. A partir de 2007 empecé a trabajar en el tema de las compañías privadas, sobre todo extractivas, que tenían conflictos con las comunidades y los gobiernos locales y un impacto sobre los derechos humanos y el medio ambiente. Desde entonces, trabajo por todo el mundo en países con conflictos.

Cada vez hay más empresas privadas occidentales que se instalan en países más pobres. Por un lado, se puede interpretar como algo bueno, que da trabajo y aporta progreso, pero, por otro, se podría ver como un hecho deplorable, ya que son compañías extractivas que van a buscar la riqueza de estos países.
Bueno, yo no lo plantearía así. Estar totalmente en contra de las empresas que trabajan en estos países conllevaría un cambio de vida radical para todos nosotros que no creo que esté a punto de producirse. ¿Desea dejar de comer azúcar, café, chocolate y utilizar gasolina para sus coches? Es un beneficio para todos, las compañías ya existen, ya están allí. Ahora hay pocos lugares que podríamos decir que son greenfield, donde no hay extracción o desarrollo. A mí lo que me importa es que estas compañías que están allí o que quieren invertir en un proyecto nuevo (por ejemplo, en paneles solares o energías renovables o sostenibles) entiendan cuáles son los derechos humanos que podrían vulnerar dentro de las comunidades locales que reciben el impacto de estos proyectos. Como europeos u occidentales debemos decir que, ahora mismo, estamos mucho más concienciados sobre el respeto medioambiental y los derechos humanos que hace veinte años, pero aún queda mucho por hacer.

Están más obligadas legalmente a cumplir los protocolos...
Ahora, el ámbito legal pone mucha más presión sobre las empresas occidentales, sobre todo en Europa, donde se han de respetar las leyes y los diversos tratados internacionales sobre el trabajo y otros derechos humanos, como las consecuencias ambientales. En muchos países, la realidad es que muchas empresas no prestan atención o no hacen las evaluaciones de impacto sobre derechos humanos necesarias, o lo hacen solamente cuando surge un conflicto. Por otro lado, pueden crear una cierta riqueza, cambiar el nivel socioeconómico de las comunidades locales y de una región. Por ejemplo, si crean una central hidroeléctrica, ofrecen servicio a lugares donde no hay electricidad. Pero según como sea este servicio, puede ser causa de conflictos. En muchos casos, el servicio se paga a un precio que estas comunidades no pueden asumir y, al mismo tiempo, se quedan sin tierra y sin poder económico. Es por eso que hacer auditorías sobre el medio ambiente, sobre los derechos humanos, etc. ayuda a identificar los riesgos y desarrollar medidas para mitigar su impacto, y beneficia a todos las partes impactadas.

En Occidente o en Europa, la presión ha sido más fuerte, ¿verdad?
Las empresas occidentales se han dado cuenta de que económicamente les sale más a cuenta hacer una inversión preliminar sobre los impactos sobre el medio ambiente o los riesgos relacionados con los derechos humanos, y luego desarrollar mecanismos para tener un diálogo con las comunidades y el gobierno. Que haya una cooperación previa es mucho más beneficioso a que se haga una vez ya aparece un conflicto. Lo que ocurre cuando surge un conflicto y el proyecto ya está operativo es que las comunidades se manifiestan, hacen huelgas, pueden hacer explotar una tubería de gas, etc. Esto tiene un coste económico, humano y reputacional muy importante y hace que las empresas tengan problemas o reciban acusaciones de estar violando derechos humanos.

¿El trabajo de mediación da frutos? ¿Es satisfactorio?
Sí, especialmente en cuanto a los pequeños cambios. A veces estos procesos pueden necesitar mucho tiempo, pero sí he visto resultados en diversas situaciones. Muchas de estas empresas están en nuestros países, pero tienen proveedores de otros lugares. El problema es que la empresa grande sí tiene la obligación de hacer las auditorías, pero los proveedores locales, no.
Hace dos años estaba en la India para hacer una auditoría sobre minas de talco. El mejor talco del mundo está en Afganistán, en Nepal y en la India. Son minas de compañías locales que venden a empresas occidentales. Allí tienen una percepción diferente de lo que es la seguridad humana. Por ejemplo, no tienen el equipamiento, los guantes de protección ni la máscara para evitar la talcosis, una enfermedad en los pulmones consecuencia de respirar el talco. Tengo fotos de gente durmiendo en talco. Bueno, son temas culturales que son diferentes, y cuando haces este tipo de auditoría las empresas locales quieren tener este "sello" para poder exportar a empresas europeas, pero para ello deben hacer cambios. Estos pequeños cambios, como tener equipamiento de protección, una sala de descanso, unas medidas sanitarias mínimas, por ejemplo, son cambios muy grandes para los trabajadores, cambios que pueden generar otros más importantes con el tiempo.

También habrá fracasos, sobre todo en los conflictos entre países...
Bueno, sería muy pretencioso pensar que cambiamos el mundo, pero sí que hay una especie de frustración, sobre todo en países donde hay conflictos prolongados. La República Centroafricana hace más de cuarenta años que está en conflicto y es un país donde no hay interés internacional o muy poco en comparación con otro como Libia o la República Democrática del Congo. El problema es que las causas de los conflictos son tan numerosas y evolucionan tanto entre una zona y otra que es muy difícil que cada proyecto tenga el impacto positivo previsto en el momento de su concepción. Asimismo, hay otro problema: la falta de coordinación entre los diferentes actores, ONG, gobiernos, organizaciones internacionales y empresas.

Da clase en los grados en Relaciones Internacionales y en Global Communication Management. Son dos perfiles diferentes, pero que tienen mucha relación con el trabajo que usted hace.
Yo hablo con ambos grupos de este tema. Los de Relaciones Internacionales, en general, quieren hacer carrera en organismos internacionales, pero algunos también quieren trabajar en el ámbito corporativo. Ahora se habla mucho más de responsabilidad social de empresa; es un campo con mucho recorrido profesional. En Global Communication Management también existe la mediación, en la que preparan qué tipo de diálogo deben tener con los diferentes públicos, los stakeholders, que pueden ser la comunidad local, el gobierno central, el público de empresa y la gente que tiene acciones. Deben entender cómo dirigirse y comunicarse a los diferentes públicos desde diferentes perspectivas.

Su profesión requiere una conciencia social, un interés por mejorar un mundo en conflicto permanente...
Los estudiantes, que son jóvenes y rebeldes, a veces se quejan porque este mundo no funciona. Yo siempre les digo lo mismo: mejor avanzar poco a poco que no hacer nada. Hace veinte años, no se hacía nada, no se hablaba de todo esto, y ahora, con las guías internacionales sobre derechos humanos para las empresas ya es un tema legal. Debemos continuar empujando para que cambien las cosas.

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