7 de octubre de 2026

“Igualdad de oportunidades, responsabilidad compartida”
Hablamos a menudo de igualdad de oportunidades. Es una expresión que forma parte del vocabulario educativo y social y sobre la cual es fácil ponerse de acuerdo. Pero quizás merece la pena preguntarnos qué significa realmente cuando la llevamos a la práctica y específicamente en la enseñanza universitaria.
Igualdad de oportunidades no quiere decir dar exactamente el mismo a todo el mundo. Tampoco significa bajar el nivel de exigencia porque nadie se quede atrás. Significa, más bien, procurar que las diferentes circunstancias de partida no acaben determinando las posibilidades de futuro de cada persona.
Amartya Sen, a Un hogar en el mundo. Memorias (2021), nos ofrece una mirada especialmente sugerente cuando sitúa la justicia no solo en los recursos de que disponemos, sino en las oportunidades reales que tenemos para llegar a ser y hacer aquello que valoramos. Su teoría de las capacidades nos recuerda que no basta con abrir formalmente una puerta: hay que preguntarnos si la persona tiene realmente las condiciones para poder atravesarla.
Esta es también una buena manera de entender la equidad educativa. La OCDE lo formula de manera muy clara: equidad no significa que todos los estudiantes tengan que obtener los mismos resultados, ni rebajar la educación para homogeneizarlos; significa que todos tengan la oportunidad de desplegar su potencial, independientemente de las circunstancias de origen.
En Blanquerna esta convicción forma parte de nuestra manera de entender la educación universitaria. Nuestra metodología sitúa la persona y su proceso de aprendizaje en el centro; apuesta por un aprendizaje personalizado, relacional y conectado con la realidad, y combina el trabajo en grupos reducidos con un acompañamiento próximo. Pero poner el estudiante en el centro no significa protegerlo de las dificultades ni sustituir su responsabilidad. Significa acompañarlo para que pueda crecer, adquirir autonomía y dar lo mejor de sí mismo.
Esta manera de hacer toma formas muy concretas. Las toma cuando destinamos cerca de dos millones de euros anuales a becas y ayudas de tipologías diversas con el objetivo que una dificultad económica no impida iniciar o continuar unos estudios. Lo hacemos con las becas sociales, con las becas de excelencia y, más recientemente, con nuevas formas de mecenazgo que permiten que donantes particulares contribuyan directamente a abrir oportunidades. Sin duda, queremos seguir creciendo en esta última y en todas las otras tipologías de ayudas.
Las toma cuando atendemos la diversidad y ponemos los apoyos necesarios porque determinadas circunstancias personales no se conviertan en una barrera para el desarrollo académico.
Las toma cuando mantenemos y reforzamos el Servicio de Orientación Personal. El SOP no pretende sustituir el estudiante ante las dificultades, sino ayudarlo a comprenderlas, promover su autonomía y gestionar mejor sus propios recursos.
Las toma también cuando protegemos la función tutorial y el Plan de acción tutorial. La proximidad, el seguimiento y el acompañamiento no son elementos secundarios de nuestro modelo educativo. Son una manera de detectar a tiempo las dificultades y ayudar al estudiante a hacerse responsable de su propio recorrido.
Y las toma también en decisiones que pueden parecer más controvertidas. Por ejemplo cuando defendimos que un futuro estudiante de Magisterio pudiera iniciar su recorrido sin haber superado aún las PAP, lo cual no significaba eliminarlas ni bajar la exigencia. Solo propusimos darle tiempo, formación y apoyo para que pudiera lograr el mismo nivel exigido algo más adelante.
Entonces esto es importante: acompañar no es rebajar el listón. Es ayudar a llegar. La investigación educativa lo expresa también de una manera especialmente interesante: la equidad pide combinar expectativas elevadas con apoyo sistemático. Cuando falta una de las dos cosas, o bien corremos el riesgo de convertir la exigencia en selección clasista, o bien de malinterpretar el apoyo como una rebaja de la ambición educativa.
Quizás aquí hay una de las claves de nuestro modelo educativo. Una universidad no solo transmite conocimientos y certifica competencias. También crea las condiciones porque personas diferentes, con trayectorias, capacidades y circunstancias diferentes, puedan desplegar su potencial. Esta es la clave.
Y es por eso que, cuando hablamos de becas, de diversidad, de tutoría, de SOP, de seminarios o de acompañamiento académico, no tendríamos que ver un conjunto disperso de servicios. Son dimensiones de un mismo modelo integral. Un modelo que confía en las personas sin paternalismos; que acompaña sin sobreproteger; que reconoce las diferencias sin convertirlas en etiquetas; que mantiene la exigencia, pero procura que nadie quede fuera simplemente porque su punto de partida era más difícil.
Esta es, probablemente, una de las responsabilidades más profundas de cualquier institución educativa. Y es también una responsabilidad compartida: de la universidad, de las familias, de las instituciones, de la sociedad civil y de los mismos estudiantes.
Porque la igualdad de oportunidades no consiste solo en abrir una puerta. Consiste en hacer posible que, una vez abierta, cada cual pueda recorrer su propio camino.
Dr. Jordi Riera i Romaní
Director general Fundació Blanquerna
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Dr. Jordi Riera Romaní
Director General de la Fundació Blanquerna



