Begoña Román: "La principal misión de la universidad es contribuir al progreso, no sólo económico, sino fundamentalmente en la conciencia social"
05.02.2021

La parte central de la Jornada de Santo Tomás de Aquino, celebrada en Blanquerna el jueves 28 de enero, constó de dos actos -una mesa redonda y una conferencia- para reflexionar sobre la pobreza y la exclusión social desde diferentes puntos de vista.

En este escenario pandémico, que ha favorecido las desigualdades y ha agravado las condiciones de vida de muchas personas, es más adecuado que nunca recordar que el papel de la universidad es capital, porque forma profesionales y establece relaciones con otras instituciones que contribuyen a disminuir las desventajas de los más desfavorecidos. Pero no sólo la universidad se debe sentir interpelada: las claves de esta problemática se han de combatir desde el ámbito institucional, pero también desde el colectivo y el personal.

El primer acto, bajo el título "Dos miradas a la realidad de la pobreza y de los pobres", contó con la presencia de Míriam Feu (responsable del Departamento de Análisis Social e Incidencia de Cáritas), de Sandra Balsells (profesora de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna I y representante de Blanquerna-URL en el Patronato de la Fundación Tot Raval) y del Dr. Jordi Sánchez (coordinador de la Cátedra Ramon Llull, como moderador del acto).

Para empezar, Míriam Feu proyectó este vídeo de Cáritas, que presenta el Informe sobre exclusión y desarrollo social en España, elaborado por la Fundación FOESSA (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada). La pieza contrapone la realidad que se ve y la realidad que no se ve en la calle, e invita a quitarse las gafas que impiden percibirla. El vídeo también nos interpela a hacernos responsables y actuar, apoyándose en indicadores y datos del Informe FOESSA, que habla de la situación de pobreza, pero sobre todo de la exclusión social. Dado que las problemáticas que sufren las personas no son exclusivamente económicas, también se tienen en cuenta conceptos como el acceso a derechos básicos como la vivienda, la participación política o las relaciones sociales. La COVID-19 ha irrumpido en un momento en que la crisis social no había terminado, en un contexto de gran desigualdad que agrava estas problemáticas, que no se pueden resolver sin abordar las deficiencias estructurales.

Míriam Feu clasificó estas problemáticas en siete grandes bloques. En primer lugar, el "ventilador de la ocupación", que hace referencia a la situación de entrada y salida rápida del mercado laboral debido a la temporalidad de los contratos o de la parcialidad involuntaria de la jornada laboral. También incidió en la dificultad de muchas personas para acceder a un hogar digno sin pasar por desahucios, violencia intrafamiliar o realquileres de habitaciones que no presentan las características básicas para considerarse hogares seguros. En tercer lugar, recordó las situaciones de soledad no deseada o de aislamiento, así como la rápida digitalización, que ha provocado un aumento de la brecha digital, lo que deriva en exclusión.

A continuación, puso de relieve el colectivo de las familias, especialmente los niños y adolescentes, que tienen el doble de probabilidades de no terminar los estudios y de caer en la exclusión si han vivido pobreza durante la infancia. Los niños también sufren cuando ven la angustia de sus padres y cuando no pueden participar en las actividades extraescolares como el resto. Haga remarcó, por tanto, la insuficiencia de protección social por parte de las administraciones, que desgraciadamente no dan abasto, e insistió en que, a pesar de que algunas políticas intentan revertir la situación, estas a menudo dejan de lado algunos colectivos.

Como conclusión, manifestó que "hay que recuperamos el concepto de comunidad, crear espacios de encuentro donde la gente encuentre calor. Debemos seguir teniendo empatía para ponerse en el lugar del otro. Debemos actuar y recuperar el proyecto del bienestar colectivo con una indignación atenta. No podemos dejar pasar las injusticias, y al mismo tiempo tenemos que tener una esperanza comprometida. Debemos hacer nuestro papel. No podemos dejar que alguien lo haga por nosotros".

La segunda intervención de este primer acto fue a cargo de la fotoperiodista y profesora de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna-URL Sandra Balsells, que, con las fotografías que hizo en el Raval -el barrio que acoge la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna-URL- durante la pandemia, ha participado en una iniciativa en forma de libro que se publicará el próximo mes con el título Pandemia, miradas de una tragedia. Se trata de una recopilación de imágenes captadas por trece fotógrafos españoles y trece fotógrafos latinoamericanos. Los beneficios que se han recogido fruto de esta actividad -que ya llegan a los 25.000 € - se destinarán a familias vulnerables de fotógrafos muertos por COVID en América Latina. "El Raval reúne a más de cincuenta entidades (aglutinadas en la Fundación Tot Raval), así como personas vinculadas al barrio, que trabajan para mejorar la cohesión, la convivencia y la calidad de este kilómetro cuadrado donde hay una población de 47.000 personas de hasta cuarenta nacionalidades diferentes", recordó Balsells. La fotoperiodista terminó su intervención invitando a los asistentes a preguntarse si hay alguna actividad en la que puedan participar, como una tarea personal, para mejorar esta situación, que no siempre requiere recursos económicos para ser revertida.

En último lugar, la Dra. Begoña Román, doctora en Filosofía, profesora de la UB y experta en ética aplicada, cerró el acto hablando sobre "La interpelación de la pobreza y de los pobres en la universidad" y estructuró su intervención en torno a cuatro puntos. Primeramente, explicó el concepto de pobreza desde la filosofía aplicada y la ética, argumentando que los dos grandes valores del mundo contemporáneo son el tiempo y el dinero. La falta de recursos materiales es fundamental para definir la pobreza, pero ella profundizó defendiendo que "las almas, como los cuerpos, también mueren de hambre", y demostrando que también hay pobreza espiritual. De igual manera, reivindicó el derecho a una vida digna, lo que se aleja de los conceptos de voluntariado y de "dar lo que nos sobra".

Asimismo, también recordó que "los hijos de padres universitarios tienen más posibilidades de ir a la universidad" y que, para revertir esto, las universidades apuestan por fórmulas como las becas, "pero no es suficiente con los recursos económicos. Hay que vincular estos alumnos a los programas de aprendizaje servicio. Las facultades Blanquerna tienen una vocación social y una misión muy clara. El ojo social de los estudiantes se desarrolla desde el primer día aprendiendo a ver la sociedad. Hay que educar su mirada, y no solo teóricamente: hay que pisen terreno", expuso.

El tercer concepto al que la Dra. Román hizo referencia fue el de incluir los estudios sobre pobreza en la universidad, a través, por ejemplo, los trabajos de fin de grado o de máster. También insistió en la importancia de la transferencia de conocimiento para combatir esta situación, no tanto como una tarea, sino más bien como un deber de las universidades; el deber de no malgastar el conocimiento, de dar utilidad y de informar sobre las políticas que se podrían aplicar para disminuir muchos de nuestros problemas. "La principal misión de la universidad es contribuir al progreso, no solo económico, sino fundamentalmente en la conciencia social", recordó. Para cerrar la intervención sugirió que "debemos ser bondadosos y dar los conocimientos. Responder significa cargar con la realidad y hacerse cargo".

Podéis ver los vídeos de la Jornada en el canal multimedia.