Anna Balcells: "Ahora no se trata de que el niño se integre en la escuela, sino de que el centro se transforme para ser inclusivo"
09.10.2017

Los atentados del pasado mes de agosto en Barcelona y Cambrils han reabierto en este inicio de curso el tema de la integración de los niños y jóvenes en la escuela. Integración e inclusión son dos conceptos que continuarán estando en la agenda mediática y escolar de este año. La Dra. Anna Balcells es especialista en este tema. Estudió Educación Especial en Blanquerna, cuando todavía existían las especialidades, y después Psicopedagogía en esa misma facultad. Nos cuenta que aquí se le abrió un mundo nuevo. Forma parte del Grupo de Investigación Discapacidad y Calidad de Vida que dirige el Dr. Climent Giné e hizo su tesis doctoral sobre las familias de niños con discapacidad intelectual de cero a seis años. En el grupo tratan la exclusión ya sea por discapacidad intelectual o por riesgo social.

Hemos empezado el curso escolar con un debate sobre la mesa después de los atentados de Barcelona y Cambrils. ¿Hemos fracasado con la integración de los niños en la escuela? También se ha hablado mucho de inclusión. ¿Qué es integración y qué es inclusión? ¿Es lo mismo?
No. No hablamos de lo mismo. De hecho, son como dos momentos y uno va después del otro. Inicialmente, a raíz de la conferencia de Salamanca por parte de la UNESCO en 1994, se puso sobre la mesa la palabra integración. El concepto de integración, en ese momento, ya era visto como un avance extraordinario y se debatía sobre la necesidad de que todos los niños, tuvieran las dificultades que tuvieran, pudieran estar en escuelas ordinarias. El término integración, aunque significó un gran paso histórico, se quedó en la idea de que la mayoría de niños ya estaban dentro de las escuelas pero que eran ellos los que se tenían que adaptar a los centros. El paso siguiente es el paso hacia la inclusión y es hacia donde vamos ahora mismo. Hay algunas escuelas que ya lo están llevando a cabo, aunque no de manera generalizada. La inclusión consiste en que ya no sean los niños los que deben adaptarse a la escuela sino que es el centro quien debe transformarse para que el niño tenga cabida. Es decir, ya no se trata de que el niño se integre, sino de que el centro se transforme, ya sea gestionando los recursos o cambiando la organización para dar respuesta a las necesidades de ese niño. Este debería ser nuestro marco teórico y político. De hecho, el nuevo decreto de 2009 va bastante en esta línea, pero sí es cierto que, tanto las actuaciones en el ámbito político para su puesta en marcha legislativa como en el ámbito de las prácticas, nos encontramos aún en términos de integración.

¿Qué hace falta? ¿Más conciencia? ¿Más recursos económicos? Porque, a menudo, cuando se habla de este tema se piden más recursos económicos.
De hecho, se han hecho algunos estudios interesantes en este ámbito que ponen en evidencia que no es tanto la inversión sino el cambio o la transformación de las actitudes y de la organización de los recursos de la propia escuela. De hecho, hay centros piloto que han podido demostrar que con los mismos recursos que tiene otra escuela, podrían dar mucha más atención a los niños con dificultades. Hay que pensar cada vez más en escuelas muy flexibles, muy abiertas, que tengan en cuenta los recursos de la comunidad y que a la hora de gestionarlas todos puedan tener cabida.

En este sentido, después de los atentados, nos hemos quedado con una cierta sensación de fracaso. ¿Qué ha pasado? O ¿qué tiene que pasar en el futuro para que estos niños realmente se integren en una cultura que no es violenta?
No todo es consecuencia del sistema educativo. Pero sí que es consecuencia del sistema integrador en el que estamos. Han sido ellos los que han tenido que adaptarse a nuestra cultura, a nuestra sociedad y quizás nosotros no los hemos acogido para que ellos puedan también vivir en nuestra sociedad sin tener que desprenderse de algunas de sus creencias o tradiciones. Lo que hemos hecho es integrarlos.

¿Quiere decir que los hemos integrado, pero que no hemos practicado realmente la inclusión?
Debemos ser capaces de poder abrirnos también a ellos. Y no sólo a ellos, sino también a sus familias. Hasta ahora, cuando se hablaba de escuela abierta, se hablaba de una escuela en la que el objetivo era que los niños aprendieran. Pero la escuela también debería contribuir a una transformación social y cultural. Y esto pide abrir puertas, que todas las familias, toda la comunidad y la gente del barrio puedan tener cabida. Esto exige poder hacer actividades cuando las familias entren e implica no tener las puertas cerradas en las escuelas. Significa también que los agentes educativos que lideren el cambio sean los maestros pero que estos cuenten con las familias y con todos los voluntarios que sea posible. Quiere decir diseñar actividades totalmente diferentes en una escuela totalmente diferente en la que en cualquier momento y en cualquier horario pueda haber familias dentro de la escuela haciendo actividades en las que se trabajen, por ejemplo, diferentes culturas, de tal manera que ellos sean los protagonistas , que puedan entrar en la escuela, que puedan mostrar cuáles son sus platos típicos, cuáles son sus tradiciones... Hay que tener siempre en cuenta que es el maestro quien lidera pero ellos también se deben sentir cómodos. Y esto implica que la escuela no sólo ponga al alumno en el foco sino que también se centre en las familias.

Va un poco en la línea de toda esa corriente de innovación en la escuela en general. Es decir, que los niños sean el centro de la escuela y que las familias participen más.
Sí, yo pienso que esta corriente muy en la línea de la innovación pedagógica y de todo lo que se proclama que se debe cambiar desde la nueva escuela y esta nueva forma de entender la educación. Y no sólo se trata de metodologías, sino que pide que entren también las familias, cambiar y ser mucho más flexibles.

Hace años que integramos personas en Cataluña. En los años sesenta y setenta, la inmigración del resto de España fue importantísima. Y nunca nos habíamos planteado que aquí habíamos fracasado. Todo lo contrario, siempre hemos lucido nuestro modelo de integración. ¿Qué ha cambiado ahora? ¿Es porque ahora los inmigrantes tienen una cultura muy diferente? ¿O es que no éramos tan conscientes en ese momento de nuestro modelo?
Es cierto que tenemos mucho por hacer, pero también pienso que hemos hecho mucho. Los atentados nos increparon y nos han dolido mucho pero no quisiera que se pensara que todos los niños con una cultura islámica no se han integrado. Hay muchos que sí lo han hecho. Las diferencias, muchas veces, se hacen más evidentes en los de doce años y no tanto en los alumnos de infantil, cuando los niños se sienten todos iguales en clase. Nosotros hacemos una actividad en la que pedimos a niños muy pequeños que se dibujen a ellos mismos y también a sus compañeros de clase, unas aulas donde hay niños de diferentes culturas y de diferentes colores. Cuando son pequeños se pintan todos del mismo color. Somos los adultos quienes creamos las diferencias y hacemos que ellos también las perciban. Aquí es donde hemos fracasado. En las escuelas no pienso que se haya hecho mal pero, una vez se sale de la escuela, el problema continúa. Por eso creo que es importante vincular a las familias en esta transformación de las escuelas para que los niños no sólo aprendan a ser funcionales para la sociedad sino que también se establezcan relaciones para que conozcan al otro.

En el ámbito religioso se está haciendo. En Barcelona existe la noche de las religiones, una iniciativa donde se dan a conocer las diferentes comunidades. Conocer al otro es importante ...
El contacto es lo que te hace entender. Entiendes cuando puedes hablar directamente con personas de culturas diferentes a la tuya y ves las cosas desde otro punto de vista. Nosotros nos basamos en este principio y, por ello, creemos que abrir las escuelas, y no centrarse sólo en los niños, es la manera de conseguirlo.

¿Y por qué es tan importante la etapa infantil? Se puede pensar que en esta edad no les enseñan sino que, más bien, cuidan de ellos. ¿Por qué es tan importante en esta edad trabajar en integración, en inclusión?
Los estudios nos dicen que es en las primeras edades cuando se crean casi todas o la mayoría de redes neuronales. Todos los modelos, todos los primeros vínculos, tanto con los progenitores como con los otros adultos, como con los iguales, crean un tipo de anclaje en estas edades que hacen que después esta manera de relacionarse se reproduzca. Es decir, que la vayas reproduciendo como modelo a lo largo de los años. Es muy importante para las emociones, para la interacción entre iguales, para la buena relación y para el clima, porque son pautas que se van repitiendo y, en esta línea, se crean unos modelos que los ayudarán a poder abrir nuevas relaciones en el futuro. Intervenir en estas edades creemos que es muy necesario.

La dificultad, imagino, es que muchas familias inmigrantes no pueden o no quieren llevar a sus hijos a las guarderías ...
Sobre todo ocurre con la población marroquí, ellos no tienen tan arraigada la tradición de ir a la escuela y es verdad que durante la primera etapa, de cero a tres, al no ser obligatoria, hay pocos niños en las escuelas. Generalizo, pero en este ámbito cultural normalmente las madres no trabajan, como ocurría antes aquí, y los niños se quedan en casa con ellas. Por ello, hay este trabajo en la etapa a partir de los tres, que es cuando obligatoriamente deben ir a la escuela y donde ponemos más énfasis hasta los seis. Después, también en primaria, donde es muy importante el diálogo que se puede establecer entre los compañeros, que tiene un grado de mayor complejidad.

¿Qué cree que pasará a partir de los atentados? ¿Haremos esta reflexión? ¿Intentaremos avanzar?
Creo que, hoy por hoy, se está haciendo poco. Todavía es algo muy reciente pero es cierto que la reflexión no ha ido mucho más allá, al menos en cuanto al sistema educativo. Lo que sí creo es que se emplearán un poco más de esfuerzos a intentar visibilizar o dar una mejor atención a los alumnos en riesgo social o los alumnos inmigrantes. Es verdad que el Departament d'Ensenyament creó en un momento dado muchas aulas de acogida. No digo que esté de acuerdo con esta solución porque significaba, según como, poner a estos niños en otro lugar diferenciado de sus compañeros. En ese momento se destinaron esfuerzos a estos alumnos pero, al bajar la cifra de recién llegados, este tema quedó en segundo plano y hasta ahora no ha vuelto a estar en el foco. Esto servirá sobre todo para reabrir el debate de las escuelas de alta complejidad donde hay una gran cantidad de inmigración. Pero yo creo que hay que intentar que no estén segregados del resto de la población, que puedan ir a la escuela que les toca al lado de casa y que no tengan que estar derivados. Y, en cuanto a los maestros, intentar hacer una reflexión.

Y en cuanto a la formación de maestros, por la parte que nos toca, ¿lo estamos haciendo bien? ¿Qué asignaturas tenemos pendientes? Hablamos mucho de integración pero la mayoría de maestros de infantil son mujeres. ¿No debería haber más hombres? ¿Por qué no puede haber maestros rumanos o austríacos o de etnia gitana? ¿La integración debería comenzar por aquí? ¿Esto también debería cambiar?
Esto también debería cambiar, sí. Pero es difícil cambiarlo porque la educación es un oficio muy vocacional y, según como, a los hombres no se les despierta este sentimiento con los niños más pequeños. Lo que sí les pasa con niños mayores, con quien ya pueden dialogar. Deberíamos intentarlo. En cuanto a gente de otras culturas o países, es difícil acceder a ser maestro si no tienes un buen nivel de catalán, por tanto, hay personas formadas pero que, por el hecho de no dominar la lengua, no pueden acceder a serlo. Personalmente creo que hay un buen nivel de catalán pero quizás se debería hacer algún paso para posibilitar que estas personas estén en las escuelas, porque integrar a gente de culturas diferentes como profesionales nos permitiría entender a los niños de otras culturas mucho mejor. En cuanto a la formación, una de las quejas del sector es que los maestros se pueden hacer especialistas en educación especial haciendo una optativa, el TFG y poco más. Creemos que, aunque la responsabilidad de los alumnos recae en los tutores, los maestros de educación especial también deberían tener un rol más activo y una formación mucho más elevada en cuanto a inmigración, a tipos de discapacidades, a dificultades motrices, visuales o auditivas. También creemos que el maestro de educación especial debería ser una figura de apoyo en el aula y no sacar a los niños fuera de clase y me parece que tanto unos como otros no se sienten suficientemente preparados para hacer lo que todos quisiéramos, que es ir hacia la inclusión.

Su tesis trataba sobre las familias de niños con discapacidad intelectual de cero a seis años. ¿Cuál fue su conclusión?
Focalicé mi investigación en la atención a la primera infancia desde los centros de atención precoz donde, hasta ahora, la atención se había destinado a los niños. En la práctica, esta atención no superaba los tres cuartos de hora a la semana por niño. No se acababa de trabajar conjuntamente con las familias. La tesis quería demostrar que estas familias tienen un bienestar diferente, más bajo que el resto, y que estas dificultades empobrecían las oportunidades que brindaban a sus hijos porque cuando una familia se siente emocionalmente baja o no sabe funcionar durante su día a día, no sabe dar respuesta al niño. Teniendo en cuenta que la familia es el primer contexto de desarrollo del niño, habría que poner el foco, también en las familias, y no atender sólo a los niños. Y no sólo en relación con el hijo sino también en relación con la familia, porque normalmente se sienten más tocadas, tienen menos tiempo, mucha menos vida en pareja de la que tienen las familias normales... Se trataría no sólo de apoyarles para que puedan ayudar a sus hijos sino también por el propio bienestar de la familia.