Testimonio de un Alumni de Relaciones Internacionales
15.02.2018

Miguel Hernandez-Bronchud tiene 22 años y es el consultor estratégico más joven de Deloitte. Allí hizo las últimas prácticas de la carrera y, una vez graduado, lo contrataron.

Cuando eligió estos estudios, ¿ya sabía a qué se quería dedicar?

Tenía claro que quería hacer algo relacionado con la economía pero también sabía que no quería ser el típico perfil de ADE o de Económicas. Relaciones Internacionales tiene un carácter multidisciplinar. El primer año estudias historia, filosofía, derecho internacional… pero también economía. Acabas con un conocimiento global que te prepara mucho más de cara a futuras entrevistas o cuando quieres singularizarte en tu competencia; te creas un perfil mucho más competitivo. Creo que, hoy en día, las empresas buscan esta versatilidad profesional que aporta un grado como Relaciones Internacionales. Ahora todo está tan conectado que, cuanto más sepas, mejor.

¿Qué dice cuando alguien le pregunta cuál es su oficio?

Siempre digo que he estudiado Relaciones Internacionales con economía. En el tercer año tienes la opción de especializarte en economía, en comunicación o en política, que serían más bien temas diplomáticos. Y yo escogí la de economía. Pero, claro, tengo compañeros que han hecho comunicación y que quieren ser periodistas de guerra, compañeros que han hecho diplomacia y que quieren ser embajadores y, tengo compañeros que, como yo, hicieron economía y quieren trabajar en diferentes instituciones económicas. Siempre es mejor decir en qué te has especializado, porque da una idea más concreta de lo que haces. Yo entiendo que la gente se quede un poco parada cuando dices que has estudiado Relaciones Internacionales, porque parece una disciplina muy abierta que comprende una gran diversidad de temas.

¿Se imaginaba qué acabaría haciendo cuando decidió estudiar este grado? Además, era un grado que se estaba estrenando…

Era un poco una aventura para todos. No tenías feedback de ningún miembro de Alumni. No lo hacían en otras universidades, sólo había una en Madrid, pero era una carrera todavía experimental. Me gustó mucho la opción que te daban de ir a estudiar afuera y de hacer prácticas: en mi caso estudié en Corea del Sur durante un semestre, en una universidad coreana que tiene un convenio con la nuestra, la Kyonggi University, al lado de Seúl y, luego, lo junté con un semestre de prácticas a jornada completa en Deloitte.

Es un concepto de carrera muy diferente.

Claro, es una carrera que te da la posibilidad de organizarte tú mismo. Yo tengo el mismo título que mi compañero de promoción, pero mis experiencias y las suyas no tienen nada que ver. Él se especializó en periodismo de guerra o en diplomacia y yo en economía, y quizás él ha vivido en Bruselas y en China un año, y yo en Corea y en Londres... Dentro de este grado, cada uno hace su propio grado. Es lo que tiene de positivo que sea tan amplio.

¿Cómo eran las clases?

En las unidades formativas venía gente experta en relaciones internacionales, como por ejemplo Andrei Grachev, historiador, ex portavoz del presidente Gorbachov y presidente del Comité Científico del New Policy Forum. Tuvimos gente muy interesante que había participado activamente en momentos clave de alcance mundial, profesores de Yale... Eran asignaturas que duraban tres o cuatro días, las vivíamos con intensidad, las aprovechábamos mucho. El hecho de que fuésemos grupos pequeños, de diez personas, nos permitía hacer preguntas, hablar, discutir.

¿Qué es lo que más recuerda de la universidad?

Lo que más recuerdo de la universidad son los compañeros. Al final es con ellos con quien pasas más tiempo, con quien acabas haciendo amistad. Y desde el punto de vista académico lo que más recuerdo son los debates que se formaban en clase. Nos enseñaron mucho a hablar en público. Y esto es algo que en España no se trabaja mucho.

Hábleme de las salidas profesionales. ¿A qué se dedican sus compañeros?

Muchos de mis compañeros de clase lo que hacen ahora es un máster para especializarse en el tema que más les interesa. Hay otros que trabajan en las Naciones Unidas, o en organizaciones internacionales, o en consultorías, también los hay en ONG y aún hay otros que aprenden idiomas como el árabe o el ruso, porque quieren trabajar en geopolítica y hablar estas lenguas es un plus.

Si compara este momento con las expectativas que tenía al comenzar esta carrera, ¿cómo lo ve?

Si hace cuatro años me hubieran dicho que ahora sería la persona más joven de Deloitte, ya firmaba.

¿Qué perfil debe tener el joven que quiera estudiar Relaciones Internacionales?

Debe ser una persona con mucha curiosidad intelectual, con muchas ganas de aprender de todo y de no centrarse en un perfil muy específico. Es decir, si a tí te encanta la física, no vengas aquí, y estudia Física. Si tienes esta curiosidad intelectual de entender lo que pasa en el mundo, por qué pasa, y por qué pasa ahora mismo, es una carrera muy interesante.

Texto y fotos: María Girona. Entrevista publicada en La Revista de Blanquerna nº 38.