"En los años setenta Blanquerna llevó los principios de la educación personalizada a las últimas consecuencias"
09.05.2019

El Dr. Josep Gallifa acaba de publicar Blanquerna (1948-2018): Evolución del proyecto de educación superior y aportaciones a la pedagogía universitaria (Pagès Editors).

Se trata de un recorrido histórico que completa lo que hace unos años hizo la Dra. María Ángeles Riera, pero también una reflexión personal sobre el proyecto pedagógico. El libro surgió del trabajo que durante los últimos dos años ha hecho el Dr. Gallifa a raíz de un encargo institucional sobre la pedagogía de Blanquerna y la forma en que hay que innovar para adaptarla a los nuevos cambios sociales y tecnológicos. En una primera parte, recogida en este libro, consultó diversas fuentes documentales y entrevistó a personas que han sido referentes a lo largo de la historia de Blanquerna. Él mismo es una fuente privilegiada, ya que ha vivido la creación de la URL y de la primera facultad de Blanquerna en primera línea. Al final de esta entrevista explica el motivo por el que ha publicado este libro: "Para que la comprensión de la evolución del proyecto universitario de Blanquerna a lo largo de setenta años nos pueda ayudar, también, a dar respuesta, desde la fidelidad a nuestra tradición a estos desafíos. "

Ha hecho una inmersión en la historia de Blanquerna pero también un trabajo de análisis del modelo pedagógico. Empezamos en 1948. Aún no se hablaba de los seminarios, no existían. ¿Cuál fue la aportación, la originalidad, de aquella primera escuela de maestros de la Iglesia?
Los primeros años de la Escuela Normal del Sagrado Corazón, que estudió la Dra. Maria Àngels Riera, supusieron los inicios y también la posibilidad de dar viabilidad a una escuela al principio bastante pequeña, modesta y austera, pero en la que ya el primer director -el Dr. Lluís Urpí- quiso velar mucho por la calidad del profesorado. En el comienzo, era una escuela dirigida a la formación de los maestros de las escuelas de las órdenes religiosas. En los inicios, una buena parte de los estudiantes y del profesorado era religioso. En toda España se fueron creando escuelas normales y el alumnado proveniente de órdenes religiosas fue progresivamente yendo a las escuelas del resto del Estado y al mismo tiempo aumentó el alumnado seglar.

La innovación, como tal, vino más tarde.
Sobre todo a partir de los años setenta y para responder a las nuevas corrientes de la educación personalizada. En 1970 el ministro Villar Palasí impulsó la Ley General de Educación, que supuso un esfuerzo de modernización del sistema educativo; entre los principales hitos de esta ley destacan la enseñanza primaria obligatoria hasta los catorce años en la EGB y la educación personalizada. Esto obligó a un cambio profundo en la formación de los maestros. La Conferencia Episcopal Española decidió que las escuelas normales de la Iglesia se tenían que preparar para esta educación que vendría. Y entonces, basándose en los principios de educación personalizada que había propuesto Víctor García-Hoz, pero también M. Ángeles Galino, apostaron por la formación del profesorado de las escuelas normales de la Iglesia. En este contexto, conocieron el modelo educativo de la educación personalizada de Pierre Faure, que fue muy influyente.

A partir de aquí se produce la fusión de las tres escuelas de maestros que darán nombre a Blanquerna...
Sí. En Madrid y en otras ciudades iban haciendo encuentros de estas escuelas para preparar los cambios en las que participaban los directores de las escuelas de Cataluña. Allí se conocieron y se dieron cuenta de la oportunidad de responder conjuntamente a este reto. Así, la Escuela Normal del Sagrado Corazón y la de La Salle de Cambrils decidieron colaborar y pronto se añadió la Escuela de los Salesianos de Sentmenat. Esta fusión creó una escuela más grande a la que se le buscó un nombre para explicar el proyecto que iban construyendo; así, es como adoptaron el nombre de Blanquerna. A la Agrupación Cultural Blanquerna, presidida por el Cardenal Jubany, se fueron añadiendo nuevas órdenes religiosas. Lo más característico fue la apuesta por una pedagogía innovadora dentro el modelo de la educación personalizada. Nació el "método Blanquerna".

¿Podemos decir que esta corriente de innovación, que existía en Cataluña y, también, en el resto de España, en Blanquerna se la tomaron mucho más serio?
Muy serio. Rompieron con el modelo tradicional llevando los principios de la educación personalizada a las últimas consecuencias. Blanquerna fue pionera en todo el Estado y esto era reconocido en aquellos momentos para todas las escuelas. Se hizo una apuesta totalmente innovadora y creativa. Se apostó por el progreso personal de cada alumno en un equilibrio entre personalización y socialización. Los alumnos que salían de Blanquerna, muy bien formados con esta pedagogía, iban a las escuelas y se encontraban que la educación personalizada se había convertido en las conocidas "fichas" de la EGB. Muchos de ellos fueron los agentes del cambio hacia una auténtica personalización. El contraste era muy grande.

Y eso depende de las personas, de la institución que tiene la voluntad de hacerlo...
Sí. En este caso hubo unas personas muy creativas y, diríamos, osadas que hicieron este trabajo de creación de un modelo y apostar por la formación del profesorado. Podemos citar a Ramon Farrés, Francesc Riu, también a Josep Benet o a Estela Cabestany, que era la secretaría de aquel primer Equipo Directivo en el momento en el que se creó la Escuela Blanquerna. Pero, como decía, se implicó a fondo a todo el profesorado. La Escuela Blanquerna de aquellos años, finales de los setenta, principios de los ochenta, como escuela universitaria adscrita en la UB, tuvo un gran éxito, tanto en número de estudiantes como en los cursos de formación permanente, justamente porque actualizaba la formación del profesorado en los nuevos principios y métodos pedagógicos. Blanquerna alcanzó mucho prestigio dentro del mundo educativo. Se había hecho un trabajo previo, se habían preparado y después habían aplicado el modelo de la educación personalizada en todos los ámbitos.

Y a partir de ahí, se inicia el crecimiento y la creación de la URL y la primera facultad.
A finales de los ochenta comienzan a surgir algunas insuficiencias. El edificio de la calle Marqués de Santa Ana se había quedado pequeño, tenía algunos déficits estructurales y había que hacer una gran inversión. Se inició la búsqueda de un nuevo espacio. También a partir de 1988 se empezaron las conversaciones formales para crear de la URL. En este contexto, con el Dr. Salvador Pié como presidente ejecutivo de la Fundación Blanquerna -nueva fórmula jurídica que se adoptó aquellos años-, es cuando se consideró la posibilidad de crear la Facultad de Psicología y Pedagogía, que nació con el comienzo de la URL en 1991 al nuevo edificio de la calle Císter. En pocos años pasaron muchas cosas.

Y aquí nace el seminario.
Con los nuevos estudios y ya con el contexto de ir hacia una universidad, se pensó en el seminario, un grupo de doce-catorce estudiantes con un tutor en el que se realizan trabajos más prácticos, más aplicados, más cercanos a la profesión, y en el que el profesor desempeña una función más tutorial. El objetivo era seguir manteniendo la educación personalizada incorporando los principios constructivistas y del aprendizaje significativo que entonces se estaban introduciendo en la educación con la LOGSE. Hay que tener presente que ya no estábamos en una escuela relativamente reducida donde todos -profesorado y alumnado- se conocía. Se encontró una nueva manera de mantener los principios de la educación personalizada para un tipo de centro universitario más grande.

¿Ha cambiado mucho aquel seminario que se imaginó en 1991 con lo que estamos haciendo ahora?
Creo que no mucho en su espíritu. Lo que pasa es que en su concreción sí, porque el seminario se fue adaptando a cada una de las profesiones. Son ligeramente diferentes para cada facultad, en función de los estudios, los adaptó a su realidad. Era una metodología que, por un lado, tenía unos principios compartidos que se han mantenido: la función del tutor, el trabajo en equipo, la adquisición de competencias transversales, etc. Pero, por otro lado, también había un margen muy grande para que cada profesor personalizara su trabajo.

No era tan fácil en aquella época, ¿verdad?
El profesorado lógicamente estaba acostumbrado a enseñar de la manera que había aprendido. A algunos profesores les parecía que en el seminario tenían que hacer de profesores más que de este nuevo rol de facilitadores del trabajo de los estudiantes. Sin embargo, pronto se tomaron el nuevo modelo con entusiasmo. Se trabajó en equipo. El aprendizaje del cambio lo fuimos haciendo todos.

¿Comparte la idea de que el seminario es el buque insignia de Blanquerna?
Es lo que en aquellos momentos nos hizo más diferentes de todas las otras universidades. También es lo que más recuerdan los antiguos alumnos de su paso por Blanquerna como rasgo diferencial específico. Éramos únicos en este modelo de personalización. ¿Qué pasó? Que después, con el proceso de Bolonia, con la necesidad de crear grupos más reducidos, algunas de las universidades apostaron también por sistemas de trabajo en grupo reducido.

¿Pero cree que son equiparables a los de Blanquerna?
La opción que aplicamos en Blanquerna es bastante difícil de replicar porque está fundamentada en el modelo de la educación personalizada y por eso requiere de un compromiso muy grande. Es necesario que los profesores estén formados y trabajen en equipo. Se emplea una dedicación muy importante. Casi el 50% de horas de dedicación del profesorado se destinan a seminario. La apuesta es muy a fondo en el estilo de universidad.

Los edificios de Blanquerna están todos adaptados para los seminarios.
En el primer edificio, inaugurado en 1989, ya se construyeron espacios pensando en los seminarios que se deberían hacer. Sin estas posibilidades en los edificios no podríamos haber aplicado el modelo. Es decir, que el estilo de universidad se tradujo también en arquitectura universitaria. Todos los nuevos edificios de Blanquerna fueron reproduciendo esta estructuración. En aquellos momentos iniciales, cuando aún no se tenía la seguridad absoluta de cómo iría el futuro, se tuvo la intuición de que había que hacer la apuesta.

¿Bolonia ha mejorado la pedagogía?
Hablando en general sí. Se partía de una situación muy tradicional en las universidades españolas. El presidente de la CRUE entonces decía: "Debemos aplicar Bolonia porque lo estamos haciendo muy mal". Quería decir que la universidad era muy tradicional. En este sentido, Bolonia mejoró la pedagogía. Otra cosa es si estos cambios son hoy suficientes.

Dejando de lado toda la burocracia que supone para el profesorado, ¿la implantación de Bolonia ha permitido que Blanquerna mejore pedagógicamente?
En Blanquerna, lo que se hizo fueron pequeñas adaptaciones, diferentes en cada centro, de lo que pedía Bolonia. Ya teníamos la tradición de los pequeños grupos y la personalización. Ya aplicábamos "Bolonia en estado puro", como dijo la profesora Silvia Morón. Avanzamos. Lo que pasa es que tampoco fue un cambio revolucionario para nosotros. Se hicieron como decía pequeñas adaptaciones, diferentes en cada centro, y en algún caso, incluso después, se tuvo que minimizar alguna de las opciones que se habían hecho.

Lo que ha aumentado es la burocracia.
Sí. Lástima de este exceso de burocratización que comentas. Este es un tema que afecta al conjunto de la universidad española y debería revisarse.

¿En el resto de universidades, en las europeas, pasa también?
No hay tanta burocracia. Aquí se han burocratizado excesivamente los temas de calidad, de acreditación, con la recopilación de evidencias, llenando aplicaciones, etc. Las universidades europeas, en general, tienen tradicionalmente más libertad para establecer sus propios currículos dentro los principios de autonomía y libertad académica. Nuestra situación es más la de los países del sur de Europa por influjo del modelo napoleónico, muy estatalizado. Por ello, en el ámbito europeo tienen tanta importancia las conferencias de rectores de cada país. Y es que las conferencias de rectores tienen más poder para poner por delante la lógica universitaria.

¿Más poder que el Estado?
En aspectos académicos sí, porque recogen este principio de la autonomía universitaria. Es la agrupación del conjunto de las universidades, representada por los rectores, la que decide qué es lo que hacen sin injerencia del Estado. Aquí tenemos más control estatal y esto hace que sea más difícil la innovación, porque hay unos modelos establecidos difíciles de cambiar también por la gran dedicación que mencionas de tipo burocrático, que hace que estas energías quizás no se dediquen a lo que son las funciones fundamentales de la universidad. Pero esto va más allá del ámbito de Blanquerna.

Después de este viaje por la historia de Blanquerna, ¿qué conclusión saca?
Lo que sí se puede concluir de la historia de Blanquerna es que, aunque en setenta años la institución ha vivido momentos muy diferentes, con personas y equipos diferentes y con diferencias institucionales, y teniendo en cuenta que a lo largo de la historia también son diferentes los momentos sociales, culturales, educativos, universitarios y eclesiásticos, hay un "espíritu Blanquerna" que es común a todos los tiempos.

¿Como lo definiríamos?
Es un estilo de universidad inspirada en el humanismo cristiano, que se concreta en una comunidad académica que trabaja en equipo, que se preocupa, además de los contenidos y competencias, de formar a la persona, que no se queda con una teoría sino que busca maneras para que los principios se traduzcan en la práctica pedagógica. El Jesuita Pierre Faure lo expresaba en su modelo de educación personalizada como la formación integral de los estudiantes. Quizás este concepto de educación integral de la persona es lo que resume, si lo tuviéramos que definir con pocas palabras, este "espíritu Blanquerna". Así lo recoge la "misión" de Blanquerna formulada en el reciente Plan estratégico.

¿El seminario seguirá siendo el eje?
Creo que el seminario tiene mucho recorrido. Seguramente de cara al futuro se tendrán que repensar algunos aspectos, probablemente yendo un poco más a fondo respecto de esta finalidad de la educación integral. Nosotros somos referentes en educación integral desde la universidad, y esto es muy característico y definitorio teniendo en cuenta que el modelo universitario en nuestro contexto está muy orientado a la especialización. El seminario podrá seguir siendo este elemento de personalización junto a otras innovaciones que se están realizando.

El mundo ha cambiado. Los estudiantes han cambiado. No tenemos los mismos estudiantes que teníamos hace unos años. Hay que seguir innovando, ¿verdad?
Las escuelas de nuestro contexto, y de todo el mundo, están cambiando su pedagogía. Nosotros como universidad probablemente nos veremos en la necesidad de repetir lo ocurrido tantas veces en la historia de Blanquerna: ante cambios importantes en el entorno, las personas responsables de Blanquerna siempre trataron de responder creativamente a los desafíos. Y hoy tenemos varios desafíos como los que comentas. Una de las razones por las que escribí el libro Blanquerna (1948-2018) fue porque la comprensión de la evolución del proyecto universitario de Blanquerna a lo largo de setenta años nos pueda ayudar, también, a dar respuesta, desde la fidelidad en nuestra tradición, a estos desafíos.