Carme Vila: «Un simulacro puede salvar vidas. El 17A el personal sanitario hizo un trabajo impecable»
05.12.2018

Cogí al niño en brazos para que no viera aquel horror. No sé cómo explicarlo, pero de pronto me dijo: "No tengo miedo de morir." ¡En medio de aquel disparate se veía tanta humanidad! Todos se preocupaban los unos de los otros.»

Es el testimonio de Maria Requena, una enfermera de Cartagena que el día 17 de agosto de 2017 estaba de vacaciones en Barcelona y buscaba un recuerdo del Barça en las Ramblas. Escuchó gritos al ver la furgoneta atropellando a la gente, se refugió en un quiosco y cogió al hijo de una familia herida en el atentado. Forma parte de los testigos del libro Las enfermeras en el atentado del 17A, en el que ha participado la Dra. Carmen Vila, profesora de la Facultad de Salud que forma parte del grupo FEBE, un colectivo de profesoras universitarias, enfermeras, que se dedican a recopilar la tarea de la enfermería para la historia. El libro combina los testimonios de muchos profesionales de enfermería que vivieron en primera persona la atención sanitaria ese día en Barcelona y Cambrils con relatos más profesionales de la labor de la enfermería en las emergencias extrahospitalarias. La Dra. Carmen Vila ha desarrollado buena parte de su vida profesional a urgencias hospitalarias, y también se dedica a la cooperación internacional acompañando a los estudiantes de la Facultad de Salud.

En el libro hay relatos aterradores. Uno de los muchos aspectos que me han llamado la atención es el hecho de que se dice que «en un caso de emergencia es más importante la organización que la salud». Tiene sentido y es lógico, pero me ha impactado el hecho de que el primer enfermero que llegó a las Ramblas tuviera que hacer la selección, organizar los heridos en tres zonas que se pintaron de rojo, de amarillo y de verde en función de la gravedad. Resulta extraño que veas personas en el suelo y en ese momento sea más importante que organices, no que no que las atiendas.

Es muy importante organizarse, porque sino pueden morir personas que se podrían salvar. Hay que tener muy claro cuál es la organización, donde se colocarán las personas que se pueden atender, las más graves y las menos graves. Muchas veces, las personas leves te pueden ayudar a tratar las más graves antes de que llegue todo el personal. Hay que hacer un triaje rápido, ver si respiran o no, si están vivos o muertos y, en caso de duda, dejarlo para después, y esto es una de las cosas más duras que se deben hacer cuando trabajas en emergencias extrahospitalarias , en la calle.

Debe de ser durísimo.
En este caso era un atentado, pero el primer aviso fue que había habido un atropello masivo en Las Ramblas. Cuando ya estaban allí, les dijeron que sospechaban que se trataba de un atentado. Aquí lo que fue más grave fue eso, que se encontraban en medio de un atentado, y la incertidumbre del primer momento es terrible. Cuando ya habían comenzado a hacer la selección y a atender a los heridos, les dijeron que podía haber un francotirador. Son momentos en los que tienes que tener la cabeza muy clara. Después se encontraron que había muchos heridos alrededor de la camioneta y todavía no sabían si dentro había explosivos. Ya estaban atendiendo a los heridos graves y la policía les dijo que los tenían que dejar porque podían morir ellos también. La reacción de esta gente fue decir «no, no, yo, a esta persona, no la dejo». Fueron los Mossos y los agentes de los servicios de seguridad quienes se pusieron al frente e hicieron como una especie de pared para proteger los sanitarios y a los heridos.

Existe el testimonio de una enfermera de Cartagena que estaba de vacaciones y se encontró en medio del atentado. Y en un momento dado abrazó a un niño que tenía el padre herido y se dijo a sí misma: «No tengo miedo de morir». ¿Esto ocurre?
En ese momento, la prioridad del personal de enfermería es ayudar y atender a la persona que tienes delante, pase lo que pase.

¿Esto se aprende en las facultades? ¿Cómo se consigue este espíritu de servicio?
La gente que quiere dedicarse a la atención extrahospitalaria, se dedica porque le gusta y lo quiere. La extrahospitalaria implica que deben trabajar en la calle, en cualquier circunstancia, y en la calle pueden pasar muchas cosas. Los hay que se especializan en situaciones más complicadas. Hay equipos del SEM que están especializados en atentados y manifestaciones y que, además, trabajan con un chaleco antibalas debajo del uniforme; denominan Servicios Especiales-Orca. EL 17A, no había ni chalecos antibalas, ni cascos, ni nada de eso, porque de entrada era un atropello masivo.

Sin protección, sin saber qué pasaba. Daniel Martínez, enfermero y responsable de la primera unidad SEM que llegó a las Ramblas, lo explica muy bien: la importancia de la selección y la sensación extraña que es primero eso que atender a los heridos.
Lo que hace la primera unidad es marcar y hacer el primer triaje, sí. Los hay que llevan lonas y las extienden en el suelo y hay que pintan, que es lo que hizo el Dani. Él fue el primero que llegó y en ese momento fue el responsable de aquella zona. A partir de allí, todos los mandos se dirigían a él para que les explicara cómo estaba la situación, los heridos. Dani se formó con nosotros, hizo los dos postgrados aquí, el de Urgencias Hospitalarias y el de Extrahospitalaria. Es un ex alumno nuestro que después se ha formado en otros países en conflicto, ha trabajado para ONG. Es en estos lugares donde deben ir a aprender, a vivir situaciones de estas.

Su experiencia, en este caso, sería vital ...
De hecho, la medicina de extrahospitalaria, o la medicina de emergencias en este ámbito, se ha desarrollado muy rápidamente desde el 11 de septiembre de 2001. Fue entonces cuando se empezó a hablar de gestionar el caos.

Claro, es que esto es gestionar el caos.
Y se ha ido evolucionando a partir de esta base. Primero fue en Nueva York en 2001, luego fue en Madrid en 2004, en 2005 fue en Londres y cada vez ha habido más y hay más en todas partes. De todo se aprende; para que luego se hacen debriefing para mirar en qué se ha fallado y qué se ha hecho bien, y se analiza todo. Se desmenuza todo lo hecho, cosa por cosa, para saber si ha ido bien o no.

¿Podemos decir que esto funcionó bien?
Sí, funcionó muy bien. No se perdieron heridos. Supieron en todo momento dónde se había enviado a cada uno de ellos. El jefe del SEM tenía controlado donde había enviado cada persona, cada enfermo, cada herido... Esto es vital para luego hacer el agrupamiento familiar. Y más en una situación en la que había tanta gente de tantos países diferentes.

Uno de los testigos del libro, Ismael Peña, enfermero y coordinador de los profesionales de enfermería de urgencias del Hospital Ligero de Cambrils, explica que, por suerte, hacía poco que habían revisado el protocolo y habían hecho simulacros, y que a pesar de el caos inicial las cosas se hicieron bien porque todo el mundo sabía lo que tenía que hacer. No siempre nos tomamos en serio los simulacros.
No, es cierto. Y un simulacro puedes salvar vidas. El 17A el personal sanitario hizo un trabajo impecable. Además, los simulacros se hacen muy a menudo porque es el entrenamiento que tiene el personal de emergencias. No tienes que esperar a que haya una desgracia para comprobarlo. De hecho, el mes de junio del 2017 fui a un simulacro de los bomberos con nuestros estudiantes, que hicieron de víctimas. Simulamos dos tipos de atentados posibles. Uno era en una fábrica de productos químicos y el otro era un grupo de gente atrapada en un autobús donde habían puesto una bomba. Cuando hacíamos el debriefing nos contaron: «Sabemos que hay un riesgo muy alto, importante y grave en Barcelona. No sabemos nada más. Sabemos que en cualquier momento puede haber un atentado. Por lo tanto, debemos estar preparados. »Y eso fue dos meses antes de los atentados en Barcelona y Cambrils. Cuando la gente sabe que tiene que hacer, se pueden evitar muertes y heridos.

Usted ha dedicado buena parte de la vida profesional en la enfermería de urgencias, más de treinta años. ¿Por qué quería trabajar en urgencias?
Es algo que me atrajo mucho. Quería ser enfermera de planta y, de hecho, lo fui. Creo que antes de llegar a ser enfermero de urgencias debes hacer enfermero de verdad. Para ser enfermero, enfermero.

¿Qué significa «de verdad»?
Tú te haces enfermero cuando aprendes a tratar a las personas enfermas, cuando empiezas a amarlas y saber cómo los tienes que hablar y como las tienes que tratar. Por lo tanto, lo primero es hacerse enfermero, primero debes consolidar la profesión. Una vez la tienes consolidada, puedes explorar otros ambientes y otros lugares. Yo siempre he estado en los servicios de urgencias hospitalarias, por tanto, en situaciones controladas. Porque si estás dentro de un edificio, ya sea un CAP, un hospital u otro lugar, estás en un lugar controlado. Ahora, salir a la calle ...

Esto no lo ha hecho nunca? Estamos hablando de las urgencias extrahospitalarias.
No. Trabajar, no. Lo conozco porque he ido para aprender, para ver cómo se hace. En la calle no sabes qué te encontrarás. Puedes encontrar cualquier cosa, sea del tipo que sea la emergencia por la que te llaman. Pero muchas veces tu vida está en peligro. Hay compañeros de Madrid que te cuentan que a veces los llaman desde unos barrios a los que ellos no si no les acompaña una patrulla de la policía, porque si van solos puede que de allí no salgan.

Usted ha dedicado buena parte de la vida profesional en la enfermería de urgencias, más de treinta años. ¿Por qué quería trabajar en urgencias?
Es algo que me atrajo mucho. Quería ser enfermera de planta y, de hecho, lo fui. Creo que antes de llegar a ser enfermero de urgencias debes hacer enfermero de verdad. Para ser enfermero, enfermero.

¿Qué significa «de verdad»?
Tú te haces enfermero cuando aprendes a tratar a las personas enfermas, cuando empiezas a amarlas y saber cómo los tienes que hablar y como las tienes que tratar. Por lo tanto, lo primero es hacerse enfermero, primero debes consolidar la profesión. Una vez la tienes consolidada, puedes explorar otros ambientes y otros lugares. Yo siempre he estado en los servicios de urgencias hospitalarias, por tanto, en situaciones controladas. Porque si estás dentro de un edificio, ya sea un CAP, un hospital u otro lugar, estás en un lugar controlado. Ahora, salir a la calle ...

Esto no lo ha hecho nunca? Estamos hablando de las urgencias extrahospitalarias.
No. Trabajar, no. Lo conozco porque he ido para aprender, para ver cómo se hace. En la calle no sabes qué te encontrarás. Puedes encontrar cualquier cosa, sea del tipo que sea el emergèncS'ha tener mucha vocación.

Tienes que tener mucha vocación, debes saber muy bien cómo desenvolverte y tienes que estar muy bien preparado. Muchas veces, estas personas se van fuera a hacer prácticas, en países donde se viven situaciones duras. O se dirigen a una ONG cuando ha habido alguna desgracia en algún lugar, y así se van fortaleciendo.
La gente se acaba acostumbrando a esto? A ver morir gente?
En una de las presentaciones que hemos hecho del libro, el Carlos Yépez, jefe de sanitarios del cuerpo de bomberos de Barcelona, ​​decía que "el problema lo tengo en casa, porque mi mujer siempre me dice" los niños les pasan cosas y tú siempre piensas que no pasa nada. Y a veces sí ocurre "». Llegas a ver tantas desgracias que piensas que lo que tienen tus no tiene ninguna importancia. Y eso tampoco es cierto. Yo creo que te vas poniendo una coraza encima para protegerte psicológicamente.

¿Como se protegen ante esto? Porque en urgencias usted también debe haber visto de todo.
Sí, he visto cosas muy grandes, pero tienes que estar preparado. Primero debes tener la cabeza bien amueblada, saber hasta donde puedes llegar y cómo puedes reaccionar porque la agresión no sea peor. Porque de agresiones de tipo verbal en recibes siempre. Yo no me las tomo como agresiones cuando son verbales. Pero de físicas hay compañeros que también han recibido. Yo he tenido la suerte de no haber vivido nunca ninguna. Las he sabido parar. Porque llega aquel familiar y quiere que le atiendan ...

¿Cómo se pueden evitar?
Tienes que estar muy al tanto del lenguaje no verbal, que te dice cuando están a punto de agredir físicamente. Si tienes esta visión, la puedes esquivar. Si no, puedes recibir y te pueden hacer daño. Te puede entrar un enfermo psiquiátrico en pleno brote que viene por propia cuenta y te puede agredir en el despacho de selección, y tú estás solo ... Tienes que tener mucha experiencia, debes saber muy bien cómo desenvolverte y tienes que estar muy bien preparado.

¿Son los enfermeros, y no los médicos, los que hacen la selección?
El triaje actualmente lo hacen los enfermeros en todos los hospitales de Cataluña. Antes lo hacían los médicos, pero desde 2000, cuando se estableció el sistema español de triaje, nos formaron a todos, lo hacemos enfermeros expertos de los servicios de urgencias.
y por la que te llaman. Pero muchas veces tu vida está en peligro. Hay compañeros de Madrid que te cuentan que a veces los llaman desde unos barrios a los que ellos no si no les acompaña una patrulla de la policía, porque si van solos puede que de allí no salgan.

S'ha plantejat mai deixar urgències?
No, mai. A urgències tens l'avantatge que veus totes les especialitats que existeixen de la medecina. I quan penses que estàs cansat, a quina planta vas? Per posar un exemple, a cardiologia només veuràs malalts de cardiologia. Estem acostumats a veure moltes coses, molta diversitat i multiculturalitat, sobretot a l'Hospital del Mar, que és on he treballat els darrers anys, perquè som l'hospital de referència dels immigrants il·legals. Quan arriben aquí se'ls diu que el seu hospital és el del Mar, perquè és el de l'Ajuntament. L'única cosa que se'ls demana és tenir un lloc on estiguin empadronats. Encara que sigui un caixer automàtic. Però ells han de tenir un domicili. Hi ha diversitat cultural, per tant, hi ha costums totalment diferents que has de conèixer. Va molt bé ser antropòleg, que és el meu cas. I el que no saps, cal preguntar-ho.

¿Por qué este libro?
Los enfermeros que nos dedicamos a la investigación histórica, a escribir la historia de la enfermería, nos encontramos con muchas dificultades para encontrar información de primera mano. Tradicionalmente no lo hemos hecho nosotros, no somos nosotros quien ha escrito sobre nuestro trabajo: siempre encontramos datos a través de otra gente que ha escrito lo que hemos hecho. Cuando tuvo lugar el atentado estábamos montando otro libro, que saldrá pronto. Y pensamos: aquí ha pasado algo muy serio, muy importante, el colectivo enfermero nos están homenajeando y agradeciendo todo lo que hemos hecho. Y nos dijimos: si dentro de unos años hay alguna persona enfermera que sea historiadora como nosotros y quiere saber qué pasó, donde lo encontrará? A través de la prensa? Pues hagámoslo ahora que es reciente. Esta fue la idea.

Ya han hecho varias presentaciones, y la gente se ha emocionado leyendo el libro ...
Sí, y en la primera presentación había familiares de las víctimas. Fue muy emotiva. Había muchos voluntarios que habían estado atendiendo heridos en las Ramblas, y había familiares de heridos y familiares de personas que habían muerto allí. También estaba el presidente de la asociación de víctimas del atentado de Hipercor. Nos dijo que hasta ese momento él no sabía lo que hacía, el personal de enfermería, en un atentado terrorista. Y nos lo agradeció muchísimo.

Ya hace varios años que acompaña estudiantes de Blanquerna que participan como voluntarios en proyectos de cooperación en África y la India ...
Empecé en 2012 con estudiantes nuestros en un orfanato en Nampula, en Mozambique. Fue muy bien. Estábamos en medio de la selva, no era un lugar cerrado, y hacíamos tareas domésticas. Nos levantábamos a las cuatro de la madrugada para bañar a los pequeñitos y cuando los teníamos bañados les dábamos el desayuno. Yo tenía un grupo de cinco adolescentes a las que tenía que enseñar a leer bien y aprender las tablas de multiplicar porque, si no, las monjas decían que las sacarían de la escuela. Después las monjas me pidieron que enseñara a coser a las niñas. Me harté de coser y de remontar vestidos. Luego me ofrecieron ir a Calcuta, en la India. La India es una experiencia totalmente diferente de África.

¿En qué sentido?
Es una sociedad diferente, las costumbres son diferentes. Allí no estás en la selva, sino en medio de una ciudad, con todo lo que ello conlleva. Nosotros íbamos a los centros de la madre Teresa de Calcuta a echar una mano. Había muchas mujeres mutiladas, o con secuelas de haber sufrido un ictus, o que se habían roto el fémur y se habían quedado cojas y no podían caminar... Había mujeres con la cara quemada por ácido porque el marido las había quemado. Yo nunca había visto las cosas que vi allí. El primer año, me impactó mucho ver cómo llegaban los coches que traían a los enfermos. Y un día pregunté de dónde los traían. Me dijeron que había una ONG holandesa que recogía a los ancianos de los vertederos de basura, porque cuando la gente mayor ya no puede ayudar en casa, los hijos los tiran a la basura, literalmente. Los abuelos se quedan en los vertederos comiendo basura con los cuervos; está lleno de cuervos, en Calcuta no hay pájaros, hay cuervos. Recuerdo una señora que llegó con un agujero en la cabeza lleno de gusanos. La enfermera la limpió, le sacó los gusanos, la trató y, al cabo de tres o cuatro días, la herida ya había cicatrizado. Este verano me la he encontrado en un centro donde tienen los moribundos. Había empeorado y la cambiaron de lugar. Estaba esperando el momento de morirse.

Usted está preparada para ello, tiene experiencia. Pero, ¿y los estudiantes?
Nuestros estudiantes de salud lo pueden llevar más bien, porque aquí hacen muchas prácticas, pero los estudiantes de las otras facultades muchas veces se nos desmontan.

¿Es bueno para ellos?
Es muy bueno, porque hacen un cambio. Maduran. Cada año me he encontrado con algún estudiante que va al centro pero que a media mañana ves que se va, llorando, porque no puede más. Entonces es cuando yo lo sigo, lo cojo, lo abrazo, llora, y le digo que se deje llevar. Los profesores tenemos que estar muy pendientes de los estudiantes en estos casos. Es un programa muy bueno porque humaniza. Yo he ido tres años y siempre vuelvo enriquecida... Te hacen poner los pies en el suelo. Te vas a los slums, que son los barrios más pobres de Calcuta, donde viven los llamados "intocables", las personas que sólo comen un plato de arroz hervido al día y viven de la basura, y ves que siempre tienen una sonrisa en la cara. Los niños ríen, cantan, bailan. Las madres también. Todo el mundo. Todos. Se conforman con lo que tienen. Es una experiencia brutal, que te enriquece porque te hace mejor persona, y a los estudiantes muy a menudo les hace plantearse, cuestionarse y reflexionar sobre su forma de vida.